Page 305 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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insignias militares. Aquel nuevo personaje
se movía con lentitud, se ve que le costaba,
por las pasarelas mostrando su edad; vi que
la tela del uniforme se extendía por su vieja
barriga.
Su voz era débil, apenas audible por el ruido
de los motores.
—Buen Dios, eres tú —me dijo—. Estoy
armado hasta los dientes para defenderme
de los alemanes, pero apenas esperaba
volver a encontrarme contigo, después de
aquella última cena del jueves. ¡Y no
precisamente en circunstancias como éstas!
AL acercarse a la luz, tuve mi oportunidad
para llevarme otra sorpresa. Porque,
aunque los ojos estaban apagados, el porte,
encorvado y ya apenas quedaba algún
rastro de rojo en el pelo gris —y aunque la
frente del hombre estaba desfigurada por
una horrible cicatriz, como si la hubiesen
quemado—, aquél era, inconfundible, Filby.
Le dije que estaba condenado.
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