Page 327 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Petersham había sido dedicado al mismo
cultivo extraño que habitaba los jardines, y
también vi que había algo marrón que
flotaba en el río.
No había nadie en los alrededores. Tampoco
había tráfico; la hierba atravesaba la
superficie resquebrajada de la carretera. No
se oía gente —ni risas, ni gritos, ni el juego
de los niños—, ni animales, ni caballos, ni
pájaros cantando.
Toda la alegría que una vez había tenido
una tarde de junio en aquel lugar —el
movimiento de los remos, las risas de placer
de los que flotaban plácidamente por el
río— había desaparecido por completo.
Todo había desaparecido en aquel año
terrible; y quizá para siempre. Richmond
estaba desierta, era un lugar muerto.
Recordé las espléndidas ruinas en el mundo
jardín de 802.701 d.C. ¡Todo me había
parecido tan alejado de mi mundo; nunca
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