Page 615 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Pequeño y deforme. ¡Comprendí que debía


                  ser  el  de  Nebogipfel!  ¿Podría  ser  el


                  resultado del encuentro con el Pristichampus


                  pero  en  una  historia  en  la  que  Gibson  no


                  intervino?


                  ¿Yacían mis huesos, rotos y convertidos en


                  piedra, en algún pozo vecino por descubrir?



                  Sentí un escalofrío a pesar del calor del sol


                  en  cabeza  y  espalda.  De  pronto,  aquel


                  brillante  mundo  del  Paleoceno  parecía


                  difuso, una transparencia; a través de la cual


                  brillaba la inmisericorde luz del tiempo.





                  —Así  que  detectaron  nuestro  rastro  de



                  plattnerita y nos encontraron —dije—. Pero


                  supongo  que  os  sentisteis  defraudados  de


                  encontrarme sólo a mí, ¡de nuevo!, y no una


                  horda de prusianos belicosos. Pero ¿no ves


                  que hay una paradoja?


                  Habéis  desarrollado  los  acorazados  del


                  tiempo  porque  teméis  que  los  alemanes


                  hagan lo mismo. Bien. Pero la situación es


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