Page 619 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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ver que su pierna izquierda era algo
deforme, la piel estaba contraída por una
vieja quemadura— y se metió en la espuma
tras de mí.
Me quité la camisa (éramos muy informales
en aquel campamento del antiguo bosque) y
hundí la cabeza y el torso en el agua trans‐
parente, a pesar de que se me mojaban los
pantalones. Aspiré hondo, disfrutando de
todo: del calor del sol en la cara, del roce del
agua, de la suavidad de la arena entre los
dedos, del aroma de la sal y el ozono.
—Veo que te gusta venir aquí —dijo Hilary
con una sonrisa tolerante.
—Sí, mucho. —Le conté que estaba
ayudando al doctor—. ¿Sabes?, estoy
dispuesto a ayudar. Pero a las diez de hoy
mi cabeza estaba tan llena de cloroformo,
éter y antisépticos, ¡además de olores más
terrenales!, que...
Ella levantó las manos.
—Entiendo.
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