Page 638 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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indecible— sentí ganas de abandonarlo,
sentarme en aquella playa destruida, sin
que me importasen los fuegos, las bombas y
las partículas radiactivas: sentarme y
aguardar a que la oscuridad final se cerrase
a mi alrededor. Pero con mis últimas fuerzas
dije:
—Entonces nos iremos de aquí, y trataré de
encontrar un lugar para descansar.
Ignoré el dolor de mi piel cuarteada de
hombros y cara, deslicé las manos debajo de
su cuerpo y lo levanté.
Era muy tarde, y la luz se iba del cielo.
Después de algo así como una milla,
estábamos lo bastante lejos para que el cielo
estuviese limpio de humo, pero el pilar
púrpura sobre el cráter de carolinio ilumi‐
naba el cielo oscurecido, casi tanto como las
lámparas que encendían la Bóveda de
Londres.
Me sorprendió un Pristichampus joven que
salió del bosque. La boca amarillenta estaba
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