Page 639 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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completamente abierta en un intento de en‐
friarse, y vi que arrastraba una de las patas;
parecía ciego y aterrorizado.
El Pristichampus pasó a nuestro lado y huyó,
gritando de forma sobrenatural.
Podía sentir una vez más la arena limpia
bajo los pies y podía oler la sal del mar, un
vapor que comenzó el trabajo de limpiar la
peste a cenizas y humo de mi cabeza. El
océano permanecía plácido e inamovible, la
superficie parecía aceitosa a la luz del
carolinio, a pesar de la estupidez de la
humanidad; le di las gracias a aquella masa
paciente, porque el mar me había acogido
salvando mi vida mientras mis compañeros
se masacraban mutuamente.
Ese ensueño quedó roto por una llamada
lejana.
—Hoooola...
Venía de la playa. A algo así como un cuarto
de milla de mí distinguí una figura
ondulante que se me acercaba.
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