Page 637 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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senté derecho; las piernas le colgaban como
trozos de cuerda.
—Ten paciencia, hombre —le dije—. Ahora
estás a salvo.
Su rostro ciego se volvió hacia mí, su ojo
bueno dejaba caer lágrimas inmensas.
Murmuró unas sílabas líquidas.
—¿Qué? —Me incliné para oír—. ¿Qué
dices?
Cambió al inglés .
... no estamos a salvo...
—¿Qué?
—No estamos a salvo aquí, en absoluto...
—Pero por qué? El fuego no puede
alcanzarnos.
—El fuego no... las radiaciones... Incluso
cuando se apague... durante semanas, o
meses, todavía habrá partículas
radiactivas... las radiaciones penetran en la
piel... No es un lugar seguro.
Agarré su cara con las manos; y en aquel
momento —quemado y sediento hasta lo
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