Page 754 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Creí ver al Observador—la gran cabeza
ancha— flotando frente a mis ojos, y más
allá de su carcasa sin miembros podía ver
las elusivas estrellas teñidas de verde.
Intenté coger las estrellas, porque me
parecían muy brillantes y cálidas; pero no
podía moverme —quizá lo soñé todo— y
luego el Observador desapareció.
Finalmente, con un bandazo, la potencia de
la plattnerita se agotó, y el coche cayó
nuevamente en la historia.
El brillo perlífero del cielo desapareció, y la
luz pálida del Sol se apagó, como si le
hubiesen dado a un interruptor: me
encontré en las tinieblas.
Los restos de nuestro calor del Paleoceno se
perdieron en el cielo. El hielo me agarró la
carne —parecía que me quemaba— y no po‐
día respirar, aunque no sabía si era por el
frío o por la contaminación del aire, y sentía
una gran presión en el pecho, como si me
ahogase.
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