Page 755 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Sabía que no estaría consciente muchos
segundos más. Decidí que al menos, antes
de morir, vería aquel 1891 tan diferente de
mi propio mundo. Puse los brazos debajo —
ya no sentía las manos— y empujé hasta
quedar medio sentado.
La Tierra yacía bajo una luz plateada, como
la luz de la Luna (o al menos eso pensé al
principio). El coche del tiempo estaba, como
si fuese un juguete roto, en medio de una
planicie de hielo antiguo. Era de noche y no
había estrellas —al principio pensé que debía
de haber nubes—, pero luego vi, en lo más
bajo del horizonte, un trozo de Luna, y no
podía entender la ausencia de estrellas; me
pregunté si el frío había dañado mis ojos. El
mundo hermano todavía era verde y sentí
alegría: quizá todavía viviese gente allí.
¡Cuán brillante debía de ser la Tierra helada
en el cielo de aquel mundo joven! Cerca del
borde de la Luna brillaba una luz: no era
una estrella, porque estaba demasiado
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