Page 779 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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sonido  que  no  produjese  yo  mismo,


                  exceptuando  el  silbido  suave  del  baño  de


                  vapor. Me planté las gafas en la cara. La luz


                  inundó mis ojos y parpadeé impaciente por


                  ver.


                  Las  gafas  me  mostraron  un  brillo  suave,


                  como  de  luz  de  luna, que penetraba  en  la



                  habitación.  Había  una  puerta  abierta  en  la


                  pared  de  la  celda.  Tenía  forma  de  losange,


                  con  el  umbral  a  unas  seis  pulgadas  del


                  suelo, y cortaba una de las falsas ventanas.


                  Me puse en pie, me encajé la camisa —me


                  había  acostumbrado  a  dormir  utilizándola


                  como  almohada—  y  atravesé  el  quicio.  La



                  respiración suave aumentó de volumen y —


                  superpuesta  a  ella,  como  el  sonido  de  un


                  arroyo en la brisa— oí una voz líquida: ¡un


                  sonido casi humano, una voz que reconocí


                  al instante!


                  La  puerta  llevaba  a  otra  cámara,  de  igual


                  tamaño  y  forma  que  la  mía.  Pero  allí  no


                  había falsas ventanas, ni torpes intentos de


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