Page 781 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Me eché adelante, y extendí los brazos con
placer. Pero el Morlock se limitó a quedarse
de pie, paciente, y no reaccionó ante mi
presencia.
—Nebogipfel—dije—, no sabes lo feliz que
me siento de haberte encontrado. Creía que
me volvería loco, ¡loco de soledad!
Vi que uno de sus ojos —el dañado— estaba
cubierto por un dispositivo ocular; el tubo
se extendía hacia la pirámide, mezclándose
con el cuerpo del objeto, y el conjunto se
movía con el minúsculo movimiento como
de hormigas que caracterizaba a la
pirámide. Lo miré con algo de repulsión,
porque no me gustaría que me hubiesen
colocado un dispositivo así en mi ojo.
El otro ojo desnudo de Nebogipfel, grande y
rojo grisáceo, giró hacia mí.
—De hecho, fui yo el que te encontró a ti, y
pedí verte. Y cualquiera que sea tu estado
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