Page 910 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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blanco  óseo  de  las  arenosas  montañas  y


                  mares. Ahora el satélite en su palidez mortal


                  era indistinguible de la Luna de mi época,


                  exceptuando quizás el brillo más intenso de


                  la  cara  oscura:  había  una  vieja  Luna  más


                  vívida acunada en los brazos de la Nueva


                  Luna,  y  sabía  que  aquella  iluminación



                  mayor  debía  ser  achacada,  solamente,  al


                  incremento del brillo de la Tierra cubierta de


                  hielo, que debía brillar en los cielos sin aire


                  de la Luna como un segundo sol.


                  —Debe de haber sido la variación forzada


                  del  Sol  —especuló  Nebogipfel—.  El


                  proyecto                 de           plattnerita                  de           los



                  Constructores... tal vez alteró finalmente el


                  equilibrio vital.


                  —¿Sabes?  —dije  con  algo  de  amargura—,


                  creo que, después de todo lo que he visto y


                  oído, me confortaba algo la persistencia de


                  esa porción de verde terrestre en lo alto del


                  cielo.  El  pensar  que  en  algún  lugar,  no


                  imposiblemente                       lejos,          todavía              podía


                                                                                                   910
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