Page 915 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Hubo un temblor final en el domo, una
lluvia de fragmentos a mi alrededor. Había
un punto frío en mi frente, el aliento distante
del invierno, y luego sólo sentí el frío de los
dedos de Nebogipfel; ¡era todo lo que podía
percibir, exceptuando el roce omnipresente
y líquido de la plattnerita! Imaginé que los
cilios se soltaban y —como ya habían hecho
antes— se introducían en los resquicios de
mi cuerpo. Tan rápida fue la invasión de luz
que ya no podía mover ni un dedo, ni
tampoco gritar —estaba quieto como en una
camisa de fuerza—, y los tentáculos se
abrieron paso a la fuerza por entre mis
labios, como gusanos, y dentro de mi boca,
para disolverse contra la lengua; y sentí una
presión fría en la superficie de los ojos...
Estaba perdido, incorpóreo, inmerso en la
luz esmeralda.
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