Page 912 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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extendían, creciendo, hacia Nebogipfel y
hacia mí.
—Nebogipfel, ¿qué sucede? Sin el domo,
¿moriremos? —Me encontraba en un estado
febril y eléctrico, en el que cada terminación
nerviosa estaba henchida de sospecha y
temor.
—Debes intentar no tener miedo —dijo
Nebogipfel.
Con un gesto simple y sorprendente me
agarró la mano con sus delgados dedos de
Morlock, y la sostuvo como un adulto
sostendría la de un niño.
Era la primera vez que sentía el tacto de sus
dedos fríos desde aquellos terribles
momentos en que el Constructor me había
reconstruido, y un eco distante de nuestro
compañerismo en el Paleoceno volvió para
confortarme en medio del hielo de la Tierra
Blanca. Me temo que grité, destrozado por
el temor, y me hundí más en el asiento,
deseando escapar; mientras los dedos
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