Page 973 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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La  Mente  era  omnisciente,  omnipotente  y


                  omnipresente. Los Constructores, gracias a


                  su valiente desafío a los comienzos del tiem‐


                  po,  habían  conseguido  su  ideal.  Habían


                  trascendido lo finito y colonizado el infinito.





                  Los  átomos  y  las  fuerzas  se  retiraron  al



                  fondo de mi atención inmediata y mis ojos


                  se  llenaron  una  vez  más  con  la  luz


                  interminable  y  las  estructuras  estelares  de


                  aquel  cosmos.  El  Observador  que  me


                  acompañaba se había ido y yo flotaba solo,


                  como  una  especie  de  punto  de  vista


                  incorpóreo que giraba lentamente.



                  La luz de las estrellas me rodeaba, profunda


                  y sin fin. Sentí la pequeñez de las cosas, de


                  mí,  de  lo  irrelevante  de  mis  pequeñas


                  preocupaciones.  Comprendí  que  en  un


                  universo infinito y eterno no hay centro; no


                  hay ni principio ni final. Cada suceso, cada


                  punto,  acaba  siendo  idéntico  a  cualquier


                  otro debido al interminable escenario en el


                                                                                                   973
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