Page 978 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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bóveda de luz que me rodeaba; pero
durante un rato no hubo nada sino silencio
infinito y un brillo intolerable.
Me había convertido en una mota
incorpórea, presumiblemente inmortal, y
me habían colocado en el mayor de los
objetos artificiales: un universo cuyas
fuerzas y partículas estaban dedicadas por
completo a la Mente. Era magnífico, pero
también terrible, inhumano y estremecedor,
y cierto desaliento deprimente se apoderó
de mí.
¿Había dejado de ser para pasar a algo que
no era ni ser ni no ser? Bien, si así era —y
esto es lo que había descubierto— todavía
no tenía la paz eterna. Todavía tenía el alma
de un hombre, con toda su carga de
curiosidad y sed de acción que siempre han
sido parte de la naturaleza humana. Soy
demasiado occidental, ¡y pronto me harté de
aquel intervalo de contemplación
incorpórea!
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