Page 550 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Recordé mi decisión de erradicar la Máquina
del Tiempo antes de que fuese construida...
detener la interminable fragmentación de la
historia. Ahora, gracias a mis meteduras de
pata, había provocado indirectamente el
establecimiento de una colonia humana en el
remoto pasado, ¡un asentamiento que podría
provocar con seguridad la fractura más
significativa de la historia! De pronto sentí
que caía, era un poco como el vértigo que se
siente en el viaje en el tiempo. Y sentí que la
divergencia de la historia estaba más allá de
mi control.
Y entonces recordé la expresión del rostro de
Stubbins al contemplar a su primer hijo.
Soy un hombre, ¡no un dios! Debía dejar que
me guiasen los instintos humanos, porque
con seguridad era incapaz de manejar la evo‐
lución de la historia en una dirección
determinada. Cada uno de nosotros, pensé,
poco podía hacer para cambiar el curso de
las cosas —de hecho, cualquier cosa que
intentásemos probablemente sería tan
incontrolable que provocaría más daño que
bien— y aun así, de la misma forma, no
debíamos permitir que el inmenso panorama
que nos rodeaba, la inmensidad de la
multiplicidad de la historia, nos superase. La
perspectiva de la multiplicidad nos hacía a
cada uno, y a nuestros años, diminutos, pero
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