Page 660 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 660
poco tiempo, o paciencia, para mí; le
representaba claramente un esfuerzo —una
pérdida— apartarse de aquella rica vena de
conocimientos antiguos y enfrentarse a mi
ignorancia, e incluso más a mi primitivo
deseo de compañía.
Me dediqué a haraganear, sin rumbo, por el
apartamento. Mascaba la comida; usaba el
baño de vapor; jugaba con la mesa de
multiplicidad; miraba por las ventanas una
Tierra que se me había hecho tan inhóspita
como la superficie de Júpiter.
¡No tenía nada que hacer! Y estaba en ese
ánimo de futilidad porque me encontraba
tan lejos de mi hogar y mi propia gente que
no veía cómo podría vivir. Comencé a caer a
profundidades mayores de depresión.
Entonces, un día, Nebogipfel vino a verme
con lo que él llamaba una propuesta.
Estábamos en la habitación donde se sentaba
nuestro amigo el Constructor, tan rechoncho
y plácido como siempre. Nebogipfel, como
de costumbre, estaba conectado al
Constructor por el tubo de cilios brillantes.
—Tienes que entender el fondo de todo el
asunto —dijo, y rotó el ojo natural para
poder mirarme—. Para empezar, debes
comprender que las metas de los
660

