Page 658 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Los hombres habían lanzado aquellos
obreros mecánicos a las estrellas, para
encontrar nuevos mundos y construir
colonias. Imaginé aquella nao de luz saliendo
de una Tierra que se había hecho demasiado
pequeña, avanzando brillante hacia el cielo,
más y más pequeña
hasta que el azul se la tragase... Había un
millón de historias perdidas, pensé, de cómo
los hombres habían aprendido a soportar las
extrañas gravedades, los gases no familiares
y los rigores del espacio.
Era una migración de las que hacen época —
cambió la naturaleza del cosmos—, pero su
lanzamiento era, tal vez, un último esfuerzo,
un espasmo antes del colapso de la
civilización en el Mundo Madre. Frente a la
desintegración de la atmósfera, los hombre
de la Tierra se debilitaron, se marchitaron —
para probarlo tenemos la evidencia del
patético espejo en la Luna—y, al final,
murieron.
Pero entonces, mucho más tarde, regresaron
a la Tierra desierta las máquinas de
colonización que había enviado el hombre, o
sus descendientes, los Constructores
Universales, enormemente sofisticados. Los
Constructores eran descendientes del
hombre, en cierta forma, y aun así habían ido
más allá de los límites de lo que los hombres
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