Page 692 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 692
unos bandazos, mostrando así la
incomodidad habitual del viaje en el tiempo,
y además de luchar contra el temor y el
asombro, también tuve que luchar contra las
náuseas.
Inmediatamente el Constructor desapareció
de mi vista. Grité
—¡no pude evitarlo!— y me agarré al banco
del coche del tiempo. Creo que nunca me
había sentido tan perdido y solo como en
aquel momento en que nuestro fiel
acompañante durante ochocientos mil años
nos abandonó —o eso parecía— de pronto en
un mundo extraño.
El cabeceo de la banda del Sol se suavizó y
desapareció; en segundos percibí el cambio
de luz que marca el paso de la noche al día, y
el cielo perdió su tono gris luminoso.
Ahora la luz verde de la plattnerita llenaba el
aire a mi alrededor; estaba por completo
alrededor de nuestra bóveda, y oscurecía las
impasibles planicies de la Tierra Blanca con
su parpadeo lechoso.
El aleteo de días y noches se redujo a un
latido más lento que mi pulso. Justo en el
último instante, vi fugazmente —no fue más
que un vistazo— un campo de estrellas que
se abría paso a través de la superficie de las
cosas, brillante y cercano; y vi fugazmente
varios cráneos inmensos y enormes ojos
692

