Page 694 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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compartimiento de los motores y el resto. En
su lugar, deben imaginar una red: un
conjunto de nodos y filamentos que brillaban
con el color de la plattnerita, arrojada a
nuestro alrededor por algún pescador
invisible, por lo que Nebogipfel y yo estába‐
mos encerrados en una inmensa red de
barras y curvas de luz.
La red no se extendía hasta el coche del
tiempo: parecía que se detenía a la distancia
a la que había estado nuestro domo. Todavía
podía respirar con comodidad, y no sentía
más frío que antes. La protección ambiental
del domo todavía debía de estar ahí, de
alguna forma; y pensé que el domo todavía
estaba presente, porque veía un reflejo lejano
en la superficie superior, pero tan incierta y
variable era la luz de la plattnerita que no
podía estar seguro.
Tampoco podía distinguir el suelo debajo del
coche del tiempo. La red parecía que se
extendía debajo de nosotros, dentro de la
estructura del edificio. Sin embargo, no
entendía cómo aquella redecilla endeble
podía soportar la masa del coche del tiempo,
y sentí una punzada súbita de vértigo. Dejé a
un lado con determinación esa reacción
primitiva. La situación era extraordinaria,
pero deseaba portarme bien —¡sobre todo si
aquellos iban a ser los últimos momentos de
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