Page 696 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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un brillo cambiante y suave y por la
evolución continua de la estructura y la luz.
Tenía una impresión de fragilidad —era
como estar cubierto por una capa de tela de
araña—, pero el conjunto tenía una cierta
cualidad orgánica, y estaba convencido de
que si extendía la mano y abría un agujero en
la estructura, ésta pronto se repararía a sí
misma.
Y en toda la Nave, ya deben imaginarlo,
había una sensación extraña y contingente
producida por la plattnerita: la sensación de
que la Nave no estaba inmersa sólidamente
en el mundo de las cosas, la sensación de que
era insustancial y temporal.
La estructura estaba lo suficientemente
abierta para ver el delgado casco de la Nave
y el mundo exterior. Las colinas y los
anónimos edificios del Londres de los
Constructores todavía estaban ahí, y en el
hielo eterno no había rastros de alteración.
Era de noche y el ciclo estaba limpio; la
Luna, un medialuna plateada, navegaba en
lo alto entre las estrellas ausentes...
Y, moviéndose por entre el cielo desolado de
la Tierra abandonada, vi más Naves de
plattnerita. Tenían forma lenticular, eran
inmensas, y sugerían la misma estructura
reticular que nos encerraba a Nebogipfel y a
mí. Luces más pequeñas, como estrellas
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