Page 712 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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había extrañas agrupaciones de estrellas que
nunca había visto desde Inglaterra: no
conocía las constelaciones de las antípodas
tan bien como para reconocerlas todas, pero
podía distinguir la brutal forma de cuchillo
de la Cruz del Sur, las manchas brillantes
que eran las Nubes de Magallanes y aquellos
dos gemelos luminosos, Alfa y Beta Centauri.
Y ahora, al sumergirnos más en el pasado,
las estrellas comenzaron a desplazarse por el
cielo. En pocos momentos, me pareció, las
constelaciones familiares desaparecieron, a
medida que el movimiento propio de las
estrellas —demasiado lento para distinguirlo
en una vida humana— se hizo visible ante
mi perspectiva cósmica.
Le comenté ese nuevo fenómeno a
Nebogipfel.
Sí. Y mira la Tierra.
Miré. La máscara de glaciación que había
desfigurado aquel globo querido y exhausto
se retiraba. Vi cómo el blanco retrocedía
hacia los polos, en grandes pulsos,
exponiendo el marrón y azul de la tierra y el
mar que estaban debajo.
De pronto, el hielo había desaparecido —
desterrado a los polos— y el mundo giraba
lentamente debajo de nosotros, con los co‐
nocidos continentes restaurados. Pero la
Tierra estaba cubierta de
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