Page 757 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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llave sonó en la cerradura, y la puerta se
abrió con un crujido.
Una vela, sostenida sobre un candelabro de
bronce, se lanzó contra mí a través de la
puerta; el rostro de un hombre joven, ancho
y redondo, salió fuera, con los ojos recién
abiertos. Tenía veintitrés o veinticuatro años,
y llevaba una bata vieja y deshilachada sobre
un camisón arrugado; el cabello, de un
marrón ratonil, le sobresalía a los lados de su
cabeza ancha.
—¿Sí? —me soltó—. Son más de las tres de la
mañana, ¿sabe...?
No sabía con seguridad lo que iba a decirle,
pero ahora que el momento había llegado las
palabras se me escaparon por completo. Una
vez más sufrí el extraño e incómodo impacto
del reconocimiento. No creo que un hombre
de mi siglo se hubiese podido acostumbrar
jamás a encontrarse consigo mismo, no
importa cuántas veces lo hiciese, y ahora
todo un conjunto de sentimientos venían a
hacerlo aún más conmovedor. Porque aquél
ya no era sólo una versión más joven de mí
mismo: era también un antecesor directo de
Moses. Era como enfrentarse cara a cara con
un hermano más joven que había creído
perdido.
Estudió de nuevo mi cara, ahora suspicaz.
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