Page 752 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Más allá de la Máquina del Tiempo sólo
había oscuridad —no podía distinguir nada
del mundo—, pero podía sentir, porque sus
bandazos se reducían, que la máquina se
detenía. Miré a mi alrededor —recibí la
recompensa del peso de un cráneo cargado
sobre el tallo del cuello; después de mi
estado incorpóreo parecía como si girase una
pieza de artillería—, pero sólo quedaban
trazos de la Historia óptima: un cúmulo de
galaxias allí, y allá un fragmento de luz
estelar. En los últimos instantes, antes de que
se cercenase definitivamente mi lazo
intangible, vi de nuevo el rostro redondo y
solemne del Observador, con sus enormes
ojos pensativos.
Luego todo desapareció y fui nuevamente yo
por completo; ¡y sentí una descarga de
felicidad salvaje y primitiva!
La Máquina del Tiempo se detuvo. Se
desplomó a un lado y yo fui lanzado de
cabeza contra la oscuridad más absoluta.
Hubo un sonido de trueno en mis oídos. La
lluvia dura y firme golpeaba con fuerza
brutal sobre mi cabeza y la camisa. En un
momento quedé empapado. ¡Vaya una
bienvenida a la corporalidad!, pensé.
Me hallaba en un trozo de césped empapado
frente a la máquina caída. Estaba muy
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