Page 96 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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deseoso de impresionar, quería mostrar a
Nebogipfel cuán inteligente era, cuán hábil
científica y técnicamente: cuán lejos se había
distanciado mi raza de los monos.
Aun así, por primera vez, me sentí con el valor
suficiente como para plantear mis propias
demandas.
—Bien —le dije a Nebogipfel—. Pero primero...
—¿Sí?
—Mire esto —dije—, las condiciones bajo las que
me mantienen son un poco primitivas, ¿no? Ya no
soy tan joven como antes y no puedo estar de pie
todo el día. ¿Qué tal una silla? ¿Es demasiado
pedir? ¿Y qué tal mantas para cubrirme al dormir,
si he de permanecer aquí?
—Silla. —Le había llevado un segundo contestar,
como si buscase la palabra en un diccionario
invisible.
Hice otras peticiones. Necesitaba más agua fresca,
dije, y algo equivalente al jabón; y pedí —
esperando que me la denegasen— una navaja para
afeitarme.
Nebogipfel se fue. Cuando volvió trajo mantas y
una silla; y después de mi siguiente periodo de
sueño encontré una bandeja más, la tercera, que
contenía más agua.
Las mantas estaban hechas de una sustancia
suave, de fabricación demasiado delicada para
averiguar si habían sido tejidas. La silla —una cosa
simplemente recta— por su peso podría haber
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