Page 98 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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ilusión—, pero en ocasiones la imaginación me
traicionaba, y me sentía como si me encontrase a
una altura infinita, sólo con el suelo insustancial
para detener la caída.
Todo eso era muy ilógico, por supuesto; pero soy
humano, ¡y las necesidades deben ajustarse a los
miedos y requisitos instintivos de la naturaleza
humana!
Nebogipfel lo observó todo. No sabía si sus
reacciones demostraban curiosidad o confusión, o
incluso algo más remoto, quizá como yo podría
vigilar los movimientos de un pájaro al construir
su nido.
Y así pasaron los siguientes días —creo que cuatro
o cinco— mientras intentaba explicar a Nebogipfel
el funcionamiento de la Máquina del Tiempo y
trataba de sonsacarle algunos detalles de la
historia en que había caído.
Describí las investigaciones en óptica física que me
habían llevado al descubrimiento del viaje en el
tiempo.
—Se empieza a ver, o se empezaba en mi época,
que la propagación de la luz tiene propiedades
anómalas —dije—. La velocidad de la luz en el
vacío es extremadamente alta, viaja cientos de
miles de millas cada segundo, pero es finita. Y, aún
más importante, como quedó demostrado
claramente por Michelson y Morley unos años
antes de mi partida, esa velocidad es isotrópica...
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