Page 221 - Hijos del dios binario - David B Gil
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le  tendió  una  mano  que  precedía  a  una  bien


           entrenada sonrisa, Alicia se la estrechó con fuerza y


           dio por comenzado el duelo.


                  —Siéntese,  señorita  Rossi  —le  ofreció  su



           anfitrión,  señalando  la  butaca  al  otro  lado  de  la


           mesa—. Señorita, ¿verdad?


                  —Sí.


                  —Ah, me lo imaginaba. —Kenyon sonrió en un


           intento de tantear si su halago había hecho mella,


           pero la expresión de Alicia no dejaba translucir más


           que protocolaria cordialidad.



                  Él  se  sentó  en  su  inmensa  silla  giratoria  y


           pareció  cerrar  algún  tipo  de  documento  en  el


           ordenador. Cuando todo estuvo en orden, le dedicó


           su plena atención.


                  —Dígame, señorita Rossi, ¿qué puede necesitar


           de  mí  una  periodista  del  diario  del  Vaticano?  Le


           confieso que no acierto a averiguarlo.


                  —Es un asunto sobre el que no nos gustaría que


           trascendiera nada. Se está llevando con cautela.



                  —Por favor, tiene mi palabra. Gran parte de mi


           trabajo consiste en ser discreto.


                  Ella asintió con la sonrisa cómplice de los que


           comparten algún tipo de secreto.


                  —Verá.  La  Iglesia  ha  estado  recibiendo  en  las


           últimas  fechas  críticas  por…,  por  reducir  la




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