Page 219 - Hijos del dios binario - David B Gil
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desvalido.


                  —Haré  todo  lo  posible  —la  tranquilizó  el


           veterano secretario, con suma comprensión.


                  Por  algún  motivo,  siempre  había  despertado



           simpatía  entre  los  hombres  mayores;  no  una  que


           enmascarara algún tipo de interés sexual, más bien


           una  suerte  de  paternalismo  insatisfecho,  como  si


           ella les recordara a la hija que nunca tuvieron. Lo


           consideraba una forma velada de machismo, pero


           sabía sacarle provecho.


                  Tal  como  había  imaginado,  todas  las  oficinas



           del          conglomerado                       empresarial                   Fenris             se


           concentraban  en  un  mismo  edificio  adquirido  por


           el grupo en pleno centro financiero de la ciudad: en


           Nassau Street, próximo a St. Stephen’s Green Park.


           Era  un  distrito  que  en  las  últimas  décadas  había


           crecido  año  tras  año,  según  pugnaban  las


           principales multinacionales y empresas de software


           por  hacerse  con  un  inmueble  que  pudieran


           registrar  como  sede  central  de  sus  actividades.



           Aunque  lo  cierto  es  que  pocas  podían  exhibir  el


           sofisticado  poderío  del  cuartel  general  de  Fenris:


           veintiocho  plantas  construidas  en  piedra  blanca  y


           cristal. En la penúltima de todas ellas se encontraba


           la       oficina            de        John           Kenyon,               director             de


           comunicación de Fenris Holding Group.




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