Page 25 - SALUD Y JUVENTUD
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En el Antiguo Egipto existía un grave problema para que
el enfermo pudiera llegar hasta el médico. Las distancias eran
muy grandes y era difícil trasladar el paciente hasta un templo
para recibir la ayuda del sacerdote médico.
En la época atoniana (8) se hicieron reformas en ese
sentido. En muchos lugares se abrieron templos llamados
‘Casas de Vida’ que trataron de llevar médicos a todas partes
en donde hubiese un núcleo poblado.
Siempre había dos sacerdotes en el templo. Uno era el
‘Médico del Alma’ que ayudaba a las personas en su plano
espiritual, anímico. El otro podía ser un ‘Médico del Corazón’
o un ‘Médico del Intestino’... Así eran sus especialidades.
También existía el médico que se dedicaba al pulmón, al riñón,
a los huesos o a la sangre...
Tan importante como el ‘Médico del Corazón’, era el
que se especializaba en el intestino, porque el pueblo egipcio
con mucha frecuencia estaba expuesto a consumir aguas
en mal estado, lo que le podía generar graves problemas
digestivos.
Aquellos sacerdotes no eran hombres comunes que
aprendían una ciencia médica. Eran místicos, grandes
humanistas, grandes Hierofantes.
‘Hierofante’ era un alto grado dentro del sacerdocio. Para
alcanzarlo, tenían que pasar por muchas pruebas. Hacían
largos retiros espirituales y trataban de integrarse al máximo
con la Naturaleza. Podían pasar días enteros en una misma
posición, uniéndose a la esencia del árbol o volar con su
mente sintiendo que eran pájaros.
Lo primero que el sacerdote aprendía era el valor del
silencio: a escuchar al otro y escucharse a sí mismo. Hablaba
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