Page 26 - SALUD Y JUVENTUD
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poco y con gran sentimiento. Desarrollaba la comunicación
con su interior, con su alma y también con el Más Allá.

     Era el ‘Gran Profeta’ que podía oír ‘la voz de los mares’.
En noches especiales, lo acompañaban en largas procesiones
hasta las orillas del Nilo con velas y antorchas encendidas,
para recibir los ‘mensajes de los dioses’.

     Con gran fe se recurría a aquellos seres tan especiales.
Eso, según el Gran Sheri Otep, era una de las mejores
medicinas. “El enfermo - decía - tiene que tener fe en su
médico, fe en el remedio, sin eso es muy difícil curar”.

     Cuando se llevaba un enfermo al templo, antes de verlo el
sacerdote médico se preparaba realizando sus meditaciones
dentro de un pequeño lugar llamado ‘ocultum’. Venía su
‘shama-eish’, su ayudante y le hablaba del enfermo que lo
aguardaba.

     -Gran Hierofante: han traído una mujer que no puede
caminar. Está totalmente postrada y sufre grandes dolores...

     Entonces el sacerdote médico, en posición de trance, se
unía a su Ka (9). Se paraba frente al Oriente, donde nace el Sol
y con gran mística trataba de comunicarse con su Espíritu
Guía, para poder ayudar mejor al enfermo.

     Si hoy vamos a consultar a un médico y lo encontramos
en ese estado, podemos pensar que no es un médico, que es
un loco...

     Sin embargo en aquel entonces, cuando el sacerdote iba
con las manos en alto, purificadas, se sabía que él era el médico.
En esa posición se presentaba frente al enfermo sin saludarlo.
Siempre el primer encuentro era en trance y el paciente cerraba
los ojos en señal de respeto.

     -Gran Médico - preguntaba su ayudante - ¿Qué debemos
hacer ahora al enfermo?

     -Destápelo. Quiero ver su vientre.
     El ‘shama- eish’ lo descubría ...
     -Que el paciente ponga sus manos en alto- pedía el
Hierofante.

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