Page 307 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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lanzadera se alejaran de aquel pedazo de tierra firme
después de haberles llevado hasta unos dos kilómetros
del grupo de arrecifes y bancos de arena que rodeaban
la isla. Horza se maldijo por haber dormido tanto
tiempo. Se quitó el traje —ya no servía de nada y
merecía que lo abandonara—, y lo dejó sobre el techo
de la lanzadera para que fuese lamido por las olas.
Tenía hambre y su estómago había empezado a
protestar con rugidos ahogados, pero se sentía con
fuerzas más que suficientes para la travesía a nado.
Calculaba que la isla debía estar a unos tres kilómetros
de distancia. Se zambulló y hendió las aguas. La pierna
derecha seguía doliéndole a causa del disparo de
Lamm, y aún notaba alguna que otra molestia en
varias zonas de su cuerpo, pero podía conseguirlo.
Estaba totalmente seguro de que podría llegar hasta la
isla.
Miró hacia atrás después de haber nadado unos
minutos. Podía ver el traje, pero no la lanzadera. El
traje vacío era como el capullo abandonado por algún
animal después de su metamorfosis, un cascarón vacío
que parecía flotar sobre las olas que se agitaban a su
espalda. Horza se dio la vuelta y siguió nadando.
La isla se iba acercando muy despacio. Al principio
el agua estaba caliente, pero pareció irse enfriando, y
los dolores de su cuerpo se fueron haciendo más
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