Page 636 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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y ni tan siquiera intentó hablar con los mercenarios

              para que simpatizaran un poco más con su forma de

              ver la guerra y la Cultura.


                     Horza  se  preguntaba  hasta  qué  punto  se  sentía


              segura.  Balveda  se  comportaba  de  forma  amable  y

              jovial, y no daba la impresión de sentirse preocupada;


              pero había momentos en que la miraba y creía captar un

              fugaz destello de una tensión interior que casi rozaba la

              desesperación.  En  cierto  aspecto  aquello  le  aliviaba,


              pero  en  otro  le  hacía  sentir  esa  misma  impresión  de

              estar  siendo  desagradablemente  cruel  que  había


              experimentado cuando pensaba en las razones por las

              que la agente de la Cultura seguía con vida. A veces

              tenía miedo de llegar al Mundo de Schar, pero a medida


              que el viaje se iba prolongando acabó anhelando entrar

              en  acción  y  que  los  acontecimientos  le  permitieran

              dejar de pensar.






                     Un día hizo venir a Balveda a su camarote después

              de que todos hubieran cenado en el comedor. La mujer

              entró en el habitáculo y se sentó en el mismo sitio que el


              Cambiante  había  ocupado  cuando  Kraiklyn  le  hizo

              acudir a su camarote poco después de haberse unido a


              la tripulación.


                     Balveda  parecía  muy  tranquila.  Se  sentó

              elegantemente en aquel pequeño asiento con su esbelto


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