Page 640 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Balveda sonrió.
Abrió la boca para decir algo, se lo pensó mejor y
volvió a cerrarla. Clavó los ojos en sus manos. Horza no
supo qué decir.
Yalson se presentó en su camarote una noche
cuando faltaban seis días para que llegaran a su
destino. La débil claridad del sistema de la estrella era
visible incluso sin sensores en el cielo por delante de
la nave.
Horza ya no esperaba que viniera, y el sonido de
sus nudillos llamando a la puerta le hizo salir de un
estado a medio camino entre el sueño y la vigilia de
forma tan brusca que le dejó desorientado durante
unos momentos. Vio el rostro de Yalson en la pantalla
de la puerta y la dejó entrar. Yalson entró rápidamente
cerrando la puerta a su espalda y le abrazó con fuerza
sin decir ni una palabra. Horza se quedó inmóvil,
intentando despertarse y comprender por qué estaba
allí. No parecía haber ninguna razón que explicara su
presencia, ninguna acumulación de alguna clase de
tensión emocional entre ellos, ninguna señal o pista:
nada.
Yalson había pasado todo aquel día en el hangar
haciendo ejercicios físicos con el cuerpo recubierto de
pequeños sensores. Horza la había visto sudar hasta
llegar al agotamiento, observando lecturas y pantallas
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