Page 765 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Balveda meneó la cabeza en la oscuridad. Se metió
un dedo en la boca y lo pasó por un lado de ésta, como
si estuviera dándose masaje en las encías o intentando
limpiarse los dientes. Después se quedó inmóvil con la
cabeza entre las rodillas, contemplando el vacío negro
azabache del frío suelo de roca fundida que había bajo
ella, preguntándose si éste sería el día de su muerte.
Estaban en una inmensa estancia semicircular
tallada en la roca contemplando el oscuro espacio de la
zona de mantenimiento y reparaciones de la estación
cuatro. La caverna medía trescientos metros cuadrados
o quizá un poco más, y desde la galería en la que se
hallaban hasta el suelo cubierto de equipo y
maquinaría de aquella inmensa caverna había una
distancia de treinta metros en línea vertical.
Enormes grúas capaces de levantar y sostener en el
aire todo un tren del Sistema de Mando colgaban del
techo sobre sus cabezas a otros treinta metros de
distancia por entre la penumbra. Una pasarela emergía
de la caverna hasta llegar a una galería en el otro lado,
dividiendo en dos mitades la oscura masa de la
caverna,
Estaban listos para moverse. Horza dio la orden.
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