Page 992 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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de  su  cuerpo  hasta  depositarlo  en  la  superficie  de  la

              pasarela.


                     Horza se incorporó y Balveda rodó sobre sí misma.

              La  espuma  flotaba  entre  las  luces  parpadeantes  y  la


              oscuridad  de  la  inmensa  caverna  llena  de  ecos,  y  las

              llamas  proyectaban  sombras  momentáneas  cada  vez


              que las luces fallaban.


                     —Gracias —tosió.


                     —¿Por ahí?


                     Los  ojos  de  Horza  fueron  hacia  la  dirección  que

              había estado siguiendo, la misma por la que se había


              alejado Xoxarle. Balveda hizo cuanto pudo para asentir.


                     —Horza, olvídate de él —dijo.


                     Horza ya se había puesto en movimiento.


                     —No —dijo.


                     Meneó  la  cabeza,  giró  sobre  sí  mismo  y  se  alejó.


              Balveda se enroscó hasta formar una bola y su brazo

              entumecido  fue  hacia  el  brazo  fracturado,  aunque  no

              llegó a tocarlo. Tosió, se llevó una mano a la boca, hurgó


              en su interior y acabó escupiendo un diente.


                     Horza llegó al final de la pasarela. Había recobrado

              la  calma.  Xoxarle  podía  retrasarle  cuanto  quisiera;


              incluso podía permitir que el idirano llegara al tubo de

              tránsito.  Le  bastaría  con  meterse  en  el  conducto  y





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