Page 989 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Horza  estaba  en  la  sala  de  control.  El  lugar  se

              encontraba  limpio  de  agua  y  espuma,  aunque  una

              consola mostraba un gran agujero del que salía humo.


              Vaciló  durante  unos  segundos,  oyó  otro  grito  —el

              sonido de una voz humana, una mujer—, y echó a correr

              hacia la puerta que llevaba a los dormitorios.






                     Balveda intentó balancear su cuerpo hasta colocar

              una pierna sobre la pasarela, pero los músculos de la


              parte  inferior  de  su  espalda  habían  sufrido  daños

              excesivos y no lo consiguió. Las fibras musculares se

              desgarraron  y  el  dolor  inundó  todo  su  ser.  Seguía


              suspendida en el vacío.


                     Había perdido toda la sensibilidad de la mano. La

              espuma se fue posando sobre su rostro irritándole los

              ojos. Una serie de explosiones destrozó todavía más el


              amasijo de vagones e hizo temblar la atmósfera a su

              alrededor. Su cuerpo bailoteó en el aire. Podía sentir su


              lento  resbalar.  Sus  dedos  se  deslizaron  uno  o  dos

              milímetros sobre la superficie del soporte, y su cuerpo

              bajó esa misma distancia hacia el suelo de la caverna.


              Intentó  agarrarse  con  más  fuerza,  pero  sus  dedos  se

              habían vuelto totalmente insensibles.


                     Oyó  ruidos  en  la  terraza.  Intentó  mirar  a  su


              alrededor  y  vio  a  Horza  corriendo  a  lo  largo  de  la

              terraza con el arma preparada. Iba hacia la pasarela. El


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