Page 987 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Xoxarle adelantó una rodilla colocando el muslo de

              esa pierna en posición paralela al suelo de la caverna,

              treinta metros más abajo. Balveda, sujeta por el codo y


              el hombro, con el terrible dolor de su espalda y la mente

              sumida en la confusión, sintió todo el peso de su cuerpo

              sostenido por ese brazo y comprendió repentinamente lo


              que iba a hacer.


                     Y gritó.


                     Xoxarle  colocó  la  parte  superior  del  brazo  de  la


              mujer sobre su muslo y la partió igual que si fuese una

              ramita  seca.  El  grito  de  Balveda  se  quebró  como  un

              carámbano que se rompe.


                     La cogió por la muñeca de su brazo sano e hizo girar


              su cuerpo sobre la pasarela, colocándola debajo de él y

              obligándola a cerrar los dedos alrededor de un delgado

              soporte  metálico.  Después  la  soltó.  Todas  aquellas


              maniobras  requirieron  tan  solo  uno  o  dos  segundos.

              Balveda empezó a balancearse como un péndulo bajo el


              viaducto metálico. Xoxarle se alejó cojeando. Cada paso

              hacía  temblar  la  estructura  y  el  soporte  transmitía  la

              vibración a la mano de Balveda, haciendo que su presa


              se aflojara un poco más.


                     Balveda  estaba  suspendida  en  el  vacío.  El  brazo

              fracturado que no podía usar para nada colgaba junto a


              su  flanco.  Su  mano  aferraba  la  lisa  y  fría  superficie

              manchada de espuma del soporte. Sintió que la cabeza


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