Page 202 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
—Manchurri... te he dicho que no me llames así...
—Es que me gusta más; desde que hiciste lo que
hiciste, quiero manifestar así mi respeto por ti. Que
eres un señor, eso se nota, y yo sé perfectamente que es
así como debo hablarte... A más que si te he de llevar a
ver al malsín de Herder, me dejarás por lo menos
hablar como quiera...
—Si no bebieras tanto...
—Tú también bebes, señor, que no creas que no he
visto que te has traído de Toledo media docena de
frascos de visqui... ¿Le cogiste gusto? No tienes por qué
avergonzarte... bebiendo sin exceso, como yo...
Oír esto, cuando ya había escuchado cinco veces la
historia del cofrecillo de monedas de plata y la
muchacha triste de Donegal, era más de lo que Sergio
podía soportar sin reírse. Y le brotó otra vez la misma
risa sana de ocasiones anteriores... una risa que todavía
era para él como un presente nuevo, un regalo
inesperado e inestimable.
Abilene estaba situada en un cuenco, entre grandes
montañas cubiertas de hayas, robles y abedules. Al
entrar en él, a través de un pequeño puerto que resultó
difícil de coronar para el fatigado vehículo, una pareja
de osos se levantó perezosamente y se metió gruñendo
entre los matorrales... A medida que el carromato
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