Page 300 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            y negra. Por un instante, a Sergio le pareció que podía

            ver a través del gran cuerpo peludo; y luego comprobó

            que el chester semejaba vibrar bajo la luz del sol, como


            si su materia fuese algo sumamente escaso y diluido.


               —Co‐mi‐da —repitió el chester, poniéndose en pie.

            Después, en vista de que no le hacían caso, les dirigió


            una última sonrisa y se internó en el follaje.


               Durante             un        rato        permanecieron                  silenciosos,

            contemplando el lugar por donde había desaparecido

            el curioso animal. Cuando Sergio volvió la cabeza, se


            dio cuenta de que los alegres ojos grises de Edy estaban

            fijos en él, con expresión pensativa.


               —¿En qué piensas, Edy? —dijo.


               —En muchas cosas... —contestó ella—. ¿Y tu?



               —También en muchas cosas...


               Estaba  atardeciendo;  los  rayos  del  sol  eran  ya

            oblicuos,  atravesando  sesgadamente  la  espesura  y

            trazando  largas  sombras  que  iban  a  reflejarse  en  el


            transparente lago.


               —Será  mejor  que  volvamos  —dijo  Edy,  y  parecía

            haber una cierta tristeza en su voz.


               En  la  superficie  del  agua  hubo  una  ondulación,  y,


            repentinamente, las ondas se tiñeron de oro fundido.

            «Espera,  Sergio».  La  mano  de  Edy  le  obligó  a




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