Page 301 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
inclinarse. «Espera —repitió ella en voz muy baja—
tiéndete ahí, a mi lado; que no nos vea... Si es una
náyade, verás qué maravilla...». Obedeciendo, Sergio
se tendió junto a ella, sobre la hierba, y
automáticamente, sin pensarlo, le pasó la mano por la
cintura. Ella volvió la cara hacia él, iluminada por una
sonrisa... y Sergio sintió temblar un poco el elástico
cuerpo bajo su brazo... «Es hermosa —pensó— y es una
mujer estupenda... No debo complicarle la vida... Ella
sabe, y yo lo sé, que me marcharé, y no me verá más...
Pero si pudiera quedarme aquí siempre...».
En el lago, el tinte de oro fundido se extendió como
una mancha hasta tomar una forma circular en el
centro de la lámina líquida. Poco a poco, diversas
zonas fueron tomando un color más oscuro, hasta que
se trazaron varios diámetros que cruzaban
regularmente el círculo, como hebras de oro viejo sobre
un disco de un intenso tono dorado. La transformación
que siguió fue más veloz cada vez; simultáneamente,
las zonas entre los diámetros se fueron cubriendo de
un enrejado simétrico, como un encaje, y el tono de
color comenzó a cambiar; una onda de un anaranjado
purísimo comenzó a expandirse desde el centro,
corriendo hacia los cada vez más complejos encajes y
aposentándose en alguna de las retículas trazadas... la
siguió otra de un bello azul, y otra de un verde ácido,
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