Page 425 - Los Sin Nombre - Ramsey Campbell
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Los sin nombre: 37 Ramsey Campbell
partírselos, mientras la mujer regordeta se abrazaba a
sus piernas y le hundía los dientes en el muslo. Angela
miró a sus compañeros y, de repente, su rostro reflejó
revulsión. Por el modo en que le temblaba la boca
Barbara supo que, en parte, aquella aversión era lo que
sentía hacía sí misma.
Sus ojos se abrieron de par en par. Al instante, los
sectarios empezaron a gritar y, saliendo de la cabina
como insectos, empezaron a desgarrarse a sí mismos
como si sus entrañas hubieran cobrado vida. Cuando
la luz roja de babor iluminó sus rostros, a Barbara le
pareció que estaban en carne viva... y puede que fuera
cierto, pues estaban intentando acceder al interior de
sus cuerpos para alcanzar lo que fuera que los estaba
torturando. Algunos de ellos saltaron a ciegas por la
borda, como si eso pudiera apagar lo que fuera que
hubiera en su interior.
Barbara recordó que Iris había dicho que el mal había
entrado en ellos, pero era Angela quien estaba
provocando todo aquello. Aquel espectáculo era la
exagerada muestra de arrepentimiento de una niña,
una representación de la revulsión que sentía hacia sí
misma, una prueba de que rechazaba todo aquello que
representaba la secta, quizá para recuperar el amor de
su padre. Sus víctimas se tambaleaban por la reducida
cubierta, tropezando con Barbara. El joven de la
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