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Los sin nombre: 4                                                    Ramsey Campbell

            de  decir  mucho  más  de  lo  que  la  mayoría  de  los

            escritores  consiguen  decir  en  todo  un  párrafo.  Sin


            embargo, el jefe dijo que era «de interés limitado» y

            tuve que devolverla.

               –Bueno,  ese  es  el  precio  que  tienes  que  pagar  por


            trabajar  para  una  gran  editorial.  Tendrías  que  hacer

            como yo: solo yo y mi lista de apuestas seguras. Por lo


            menos,  así  sabrías  que  no  puedes  permitirte  correr

            riesgos. –Al ver que Barbara no sonreía, se puso serio–

            . Te sentiste muy decepcionada, ¿verdad?


               –En mi opinión, merecía ser publicada. Estoy segura

            de  que  hubiera  funcionado  bien  si  la  hubieran

            gestionado de forma adecuada. Me sentí fatal al tener


            que desalentar a un autor de tanto talento. Es obvio que

            su libro ha circulado por la mayoría de las editoriales.

               –Dame su dirección y le echaré un vistazo. Quizá, si


            puedo  prometerle  una  edición  en  tapa  dura,  podrás

            convencer a tu jefe. ¿Sabes? No es la primera vez que te


            oigo decir algo así –dijo, atusándose la barba gris–. Fue

            en  Frankfurt,  ¿verdad?  Durante  la  época  de  nuestra

            confesión mutua.


               La  primera  vez  que  asistió  a  la  Feria  del  Libro  de

            Frankfurt,  Ted  había  cuidado  de  ella:  le  había


            presentado a diversas personas, se había asegurado de

            que  no  tendría  que  comer  sola  y  le  había  sacado  de








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