Page 298 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 —¿Crees que no siento la diferencia en el pecho? —

          añadió Bean.


                 Se apoyó con cuidado sobre los codos y las rodillas.


          Una posición que no había adoptado en un año, desde

          que  había  dejado  de  rodar.  Ni  siquiera  sabía  si  podría

          hacerlo. Pero aquí estaba, sobre los codos y las rodillas,


          como un bebé. Jadeante, exhausto. No puedo hacer esto.


                 —Lo que quiero —murmuró— es ponerme de pie en

          este prado y caminar a la luz del sol.



                 —¿Por qué no lo dijiste? —preguntó Carlotta.


                 Lo volvieron a acostar en la hamaca, y lo izaron hasta

          que estuvo sentado, y luego hasta que estuvo de pie.


                 La gravedad era muy leve, casi inexistente, pero le

          costaba respirar erguido, aunque la hamaca lo sostuviera.


                 —Ahora caminaré —afirmó.



                 Se le aflojaban las piernas.


                 Los zánganos volaron hacia él y le aferraron la ropa,

          aleteando  para  ayudar  a  sostenerlo.  Los  niños  se


          reunieron alrededor de sus piernas y le ayudaron a dar

          un paso, luego otro.


                 Sintió el sol en la cara. Sintió el suelo bajo los pies.

          Sintió que las personas que lo amaban se aferraban a él y


          lo guiaban.




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