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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
ninguna píldora ni hacerse ninguna alteración para lograr
que los genes que están dentro de nuestras mitocondrias
activen el crecimiento normal. Lo legaremos a nuestros
hijos.
—Técnicamente hablando —observó Carlotta—, yo
lo legaré.
—En eso tienes razón —admitió Ender.
Bean sintió las lágrimas en las comisuras de los ojos.
No valía la pena tratar de mover los brazos para
enjugarlas. Que humedecieran el suelo de ese lugar.
—Buen trabajo, ¿verdad? —dijo Ender.
—Muy bueno —respondió Bean.
—La pregunta es... —comenzó Cincinnatus.
—No —dijo Bean.
—¿Ni siquiera quieres oír la pregunta? —preguntó
Carlotta.
—Queréis someterme a este tratamiento. Pero es
demasiado tarde. A vosotros solo os descompuso, pero a
mí puede matarme. Aun así, supongamos que
funcionara. Ya estoy tan enorme que mi corazón no me
puede mantener con vida si hago algo más que acostarme
aquí a vegetar.
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