Page 356 - Primera Guerra Formica 02 - La Tierra En Llamas - Orson Scott Card
P. 356

La Tierra en llamas                                                                  Orson Scott Card ‐ Aaron Johnston



                   El niño puso los ojos en blanco cuando el abuelo

            no miraba, se sacudió la ropa y fue a sentarse junto a

            Meilin, que estaba en cuclillas en un terraplén cercano,


            hurgando con un palo los brotes de arroz.



                   Hopper  tenía  razón,  naturalmente.  El  abuelo  le

            había dicho a Bingwen varias veces durante la noche


            que no le permitiera volver a sentarse. «Mantenme en

            movimiento  —había  dicho—.  Duele  demasiado

            volver a levantarse».




                   Y  eso  había  intentado  Bingwen  cada  vez  que  el

            abuelo hacía ademán de sentarse: instarlo a continuar,

            suplicar, tirar de él, recordarle el dolor que le esperaba


            cuando  volviera  a  levantarse.  Pero  en  todas  las

            ocasiones el abuelo había gruñido y maldecido para

            acabar sentándose de todas formas.




                   Y  una  hora  y  pico  más  tarde  (porque  siempre

            tardaba todo ese tiempo, no importaba cuántas veces

            lo  instara  Bingwen  a  levantarse),  el  abuelo  se


            esforzaba  por  incorporarse,  sus  huesos  crujían  y  lo

            lastimaban tanto que le pedía disculpas por ser viejo y

            necio  y  decía:  «Por  favor,  por  favor,  no  dejes  que


            vuelva a sentarme».



                   Era  enloquecedor.  Detenme,  Bingwen.  No  me

            detengas, Bingwen. Haz lo que te digo, Bingwen. No




                                                          [356]
   351   352   353   354   355   356   357   358   359   360   361