Page 364 - Primera Guerra Formica 02 - La Tierra En Llamas - Orson Scott Card
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La Tierra en llamas Orson Scott Card ‐ Aaron Johnston
de mil seres diferentes a la vez, tan grave y resonante
que sacudió la tierra.
Cinco segundos para el impacto.
Bingwen gritó, tiró del abuelo, encontrando
fuerzas que no tenía, lo hizo resbalar y luego volvió a
tirar de él. Entonces rodaron los dos por el terraplén,
dando vueltas, en medio de un agitar de brazos y
piernas. Llegaron al agua, Bingwen se sumergió y el
sonido ensordecedor se apagó. Se apoyó en el fondo,
se irguió y salió de nuevo a la superficie. Una mano lo
agarró y lo derribó contra el terraplén. El abuelo.
Bingwen miró hacia arriba. Hopper y Meilin no se
habían movido. Eran estatuas. Petrificados de miedo.
—¡Hopper! ¡Meilin!
Pero no podía oírse nada por encima de aquel
fragor, que de pronto explotó en un ruido cien veces
más fuerte cuando aquello golpeó la tierra cerca, y el
mundo se estremeció tanto que Bingwen pensó que se
había roto en pedazos. Una oleada de aire y tierra y
agua se extendió por todo el valle, y Hopper y Meilin
desaparecieron, y el lodo y la negrura y los escombros
cayeron y enterraron vivos a Bingwen y al abuelo.
Dolor.
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