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en la primera oportunidad que se nos presente, castigaremos la sali-
             da de nuestro compañero con la que menos tengamos, es decir, con
             la falla si es preciso.

          8.  Excepciones: Cuando castigando el doble iniciamos nuestro juego
               alto de seises, cincos y cuatros, de inmediato debemos dar la infor-
             mación de que tenemos un juego sumamente alto, de manera que
             nuestro compañero sepa en qué consiste nuestro juego y si éste a su
             vez tiene alguna piedra de con la que estamos iniciando. Procure,
             bien sea dárnosla o cuadrar para que tenga su desarrollo natural y
             pueda entrar nuevamente en las jugadas siguientes.
          9.  Cuando sale el contrario y nuestro compañero pasa, y el atleta de mi
             izquierda titubea e inicia una carta baja y nosotros tenemos el doble
             de ella acompañado o en pelo, además de una ficha o piedra para
             castigar la salida del contrario que es la falla nuestra, entonces, con
             más razón debemos acostar el doble con pausa previa o rápida, indi-
             cándole a nuestro compañero que tenemos o no una más de ésta.
             Este razonamiento se fundamenta en lo siguiente:


             •  Primeramente debemos partir de la base de que si el salidor tiene
               muchas de una pinta específica, deberá tener pocas de las otras y
               bien pudiera ser que la piedra iniciada por el atleta «C», compañe-
               ro del salidor, sea la falla de origen de éste.
             •  al colocar el doble, además de estar aliviando nuestro juego, no
               pueden darle un segundo pase a nuestro compañero, quedando
               nosotros a la expectativa de lo que pueda ocurrir en la segunda fi-
               cha jugada por el salidor, ya que siempre tendrá que iniciar una pie-
               dra o ficha nueva.
             •  también debemos inferir que al no castigar la salida del contrario
               con la falla, y de paso la única que tenemos de ese palo, nos es-
               tamos abriendo fallas en nuestra mano, eso sí, tenemos que
                 estar sumamente atentos y a la expectativa de lo que juegue
               nuestro compañero, que bien pudiera tener el juego iniciado por
               el atleta «C».
             •  En todo caso presumimos que nuestro compañero jugará su pri-
               mera piedra o ficha, enseñando su juego, y si éste es de fortaleza
               con más razón.


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