Page 162 - La Constelación Del Perro - Peter Heller
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Dejamos la torre a nuestra derecha. Pasamos


              por         la       Mancha                sin        estremecemos.                       Los


              pensamientos  siguen  el  ritmo  rápido  de  los


              pasos.  Uno  se  acostumbra  a  matar  como  se


              acostumbra a ver una cabra delante de la puerta


              de casa. Mi tío Pete. Con su botella, sus puritos y


              sus historias. Hablándome de cuando vivía en un


              yate con Louise, de cuando vivieron en un barco



              pesquero en Alaska. Como si flotar hiciera de la


              vida algo fascinante.




                     Nunca  me  gustó  el  whisky,  me  dijo,  pero  lo


              bebo porque tiene una historia interesante.




                     Las cabras muertas se multiplican. Una cabra


              la  puedes  arrastrar  hasta  el  campo,  pero  un


              recuerdo  solo  puedes  dejarlo  al  sol  con  la


              esperanza de que se seque y que al secarse se


              desmenuce y pierda el olor.




                     Caminamos.  Estamos  a  media  hora  de  las


              primeras pendientes, de los primeros árboles. La



              noche  no  tiene  peso:  la  oscuridad  fallece


              ingrávida  como  un  ciervo  a  punto  de  echar  a


              correr.  La  luz  de  la  mañana  es  un  pensamiento


              que surge. Todo está en calma y en silencio, las


              estrellas altas, no hay viento.








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