Page 170 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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El barco, lo botaron; pero cerca de tierra

                 se levantó una tormenta que ningún barco

                 aguantaría.


                 Chocó con una roca, y las olas lo cubrieron;

                 sobre él volaba el Cuervo, y graznó en el choque.

                 Oyó el último grito de las almas agonizantes...


                 ¡Mira! ¡Mira! ¡Sobre el palo mayor pasan las

                 aguas!


                Muy contento estaba el Cuervo, y se alejó, y

                 la Muerte cabalgando a casa en una nube

                 encontró, y le dio las gracias una y otra vez


                 por el festín:

                 Ellos le habían robado los suyos, y ¡LA


                 VENGANZA ERA DULCE!

                     Señor Hackworth:

                     Espero que el poema anterior haya iluminado las


                 ideas que esbocé durante nuestro encuentro del martes

                 pasado,  y  que  contribuya  a  sus  estudios

                 paremiológicos.




                     Coleridge escribió en reacción al tono de la literatura

                 infantil de su época, que era didáctico, más o menos


                 como lo que le meten a nuestros hijos en las «mejores»

                 escuelas.  Como  ve,  su  idea  de  un  poema  infantil  es


                 refrescantemente  nihilista.  Quizás  este  tipo  de





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